Hace algunos años corrí mi primer carrera, con un par de tenis y mucha emoción. Desde entonces me enamoré del running.

Y es que esta actividad es algo que el hombre ha hecho desde siempre, no sé por qué yo no lo había hecho antes…

Para correr no necesitas más que un par que tenis y mucho corazón.

Los kilómetros pasan en sincronía con tus latidos y mientras tus piernas se mueven, tu mente también lo hace.

Está demás decir que el running es bueno para el cuerpo, quizás no lo sepas, pero también es bueno para el alma.

Correr me ha ayudado a relajarme, incluso cuando estoy reventado. Si tengo un problema en el trabajo, corro. Si tengo un problema en la familia, corro. Si estoy triste, si estoy enojado, feliz, frustrado, enamorado… corro.

Corro no para escapar, sino para llegar. No para cruzar la meta y que me cuelguen una medalla, sino para llegar con mis amigos, con mi familia. Con ellos que me esperan en la línea de llegada, eso es correr.

Correr es más que un deporte, es un estilo de vida.

Una pasión que llegó para decirle adiós a muchas cosas negativas que se estaban apoderando de mi vida. Una pasión que me ha llevado lejos… pero también cerca.

Desde mi primer carrera no he parado, cada vez quiero más. Más kilómetros, más esfuerzo, más disciplina.

Eso me ha llevado a ser un mejor yo, aunque otros no lo noten y sólo vean a un loco que corre y corre, por aquí y por allá.

A todo eso le sumamos las aventuras que te encuentras en el camino, desde antes de una carrera cuando te preparas hasta años después, las carreras se quedan y se vuelven a vivir cada que miras tus medallas, esa que ganaste con dolor de piernas y sudor en todo el cuerpo.

Por que no importa si llegas primero o al final, ese pedazo de metal cuesta.

Cuesta levantarse temprano el día de la carrera, cuesta viajar horas hasta otra ciudad para correr, y ¿sabes qué? esto es lo mejor.

Correr me ha dado la oportunidad de conocer otras ciudades de una forma muy peculiar, corriendo a través de ellas. Chocando palmas, escuchando porras y viendo las sonrisas de su gente. Gente que también se levanta temprano para recibir a miles de corredores en su ciudad.

Correr entre monumentos y edificios que aparecen en la ruta, y al final del día, una cerveza de recuperación bien merecida.

Eso es el lado B del running, cuando cambias el deporte con los viajes, no puede haber combinación más perfecta para desconectar y darle un respiro a tu vida.

Correr es increíble, no importa si eres principiante o con mucha experiencia, corre cuando puedas, donde quieras.

Te invito a que corras, en tu ciudad o en la mía; Corre en el campo, en la montaña, en el asfalto o en la arena. Ensúciate en el lodo, mójate en la lluvia. Báñate en el sol o lucha contra el viento, ponte una canción y disfruta tus kilómetros.

Este proyecto se trata sobre eso, correr por todos lados y quiero que me acompañes. Corramos juntos, compartamos experiencias, a nuestro ritmo, sin prisas.